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Luciernagas (Capitulo 3)

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1 Luciernagas (Capitulo 3) el Miér Nov 04, 2009 8:26 pm

Akane Zeen

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Cap 3
Luciernagas

El carruaje se tambaleo al tocar el piso, Akane abrió los ojos el esfuerzo de separarse de el había sido demasiado y sintió un repentino cansancio y durmio en todo el viaje.
El cochero abrió la puerta del carruaje, la chica tomó su bolso de viaje y bajó.
--Muchas gracias, Hiroki-- dijo con voz cálida.
Akane miró a su alrededor, una majestuosa mansión todo combinado en colores pasteles, un clásico jardín japonés, un estanque de proporciones enormes lleno de carpas, ún Dojo para practicar Kendo, la tipica mansión japonésa.
Una mujer de facciones hermosas, cabello castaño claro hasta la cintura y ojos color
-- Buen día, madre-- hizo una reverencia.
-- Bienvenida, hija-- sonrió complacida.
Akane sé acomodó la capa de Severus que aún traía encima.
-- Pero, pero que es ese trapo que traés encima?-- le preguntó confundida su madre.
-- Ahh… un regaló-- no terminó de decir cuando se sacó la capa y las doblo cuidadosamente al haberse dado cuenta de que la habia arrastrado todo el camino, no quería ensuciarla.
--Un Zeen con clase no usa ese tipo de ropa—dijo retandola.
Entraron juntas a la casa mientras el cochero descargaba las maletas y las llevaba a la habitación de ella.
Esperando en el comedor se encontraba el mayordomo.
-- Bienvenida, Srta. Zeen-- le sonrió Nakamura.
-- Se ve muy bien Nakamura-san-- sé sonrojo un poco al verlo sonreir, no era secreto que ella había estado enamorada de Nakamura desde pequeña, no sólo por ser un hombre de actualmente 35 años, ojos amables, siempre sonriente y su cabello castaño claro, sino por su trato cariñoso para con ella.
-- Desea tomar un té con pastel de chocolate—le ofreció el hombre de la sonrisa infinita.
--jajjaja Si, gracias—dijo tontamente y se volvio a sentir rara en su presencia.
El hombre salió de la sala rumbo a la cocina dejandolas solas.
--Dime Madre, donde esta mi Padre?—le pregunto intrigada.
--Como siempre trabajando hasta tarde en la empresa familiar, aunque si tuviera más ayuda llegaría más temprano-- le dijo en tono de reproche ya que Akane se había negado a formar parte de la empresa familiar.
Akane se levantó de la mesa.
-- Lo siento, Madre, no me siento muy bien por favor dile a Nakamura-san que por favor me lleve el té y la porción de pastel a mi habitación-- no tenía fuerzas para escuchar reproches.
El camino hacia su habitación se le hacía interminable, a cada paso se sentía aún peor.
Abrió la puerta de su habitación, estaba igual a como la había dejado.
Se tiró sobre la cama , se dio media vuelta hacia la derecha y se quedó profundamente dormida.
Nakamura golpeo varias veces la puerta pero como nadie atendía decidido entrar, vio como la chica dormía y dejó la bandeja sobre la mesa de noche.
-- Pobre mi niña, regreso aun mas adulta de lo que se fue—dijo acercandose a ella y le acaricio la mejilla.
--Se..ve…rus—murmuro la chica al sentir el roce de la mano de Nakamura.
-- Ya veo asi se llama el—sonrio feliz de que ella hubiera encontrado lo que había ido a buscar a Londres, tomo uno de las mantas arropó a la chica y salió de la habitación.
Varias días después…
Habia pasado una semana Akane seguía sin levantarse de la cama, su madre, su padre incluso Nakamura habían hecho de todo para convencerla de que probara bocado, parecía como si quisiera dejarse morir, solo abria los ojos para observar que la capa de Severus aún estuviera aferrada a su cuerpo.
El vacio que sentia era tan grande que nada podía llenarlo, extrañaba ese aparente mal humor que el reflejaba, sus ataques de celos hacia Potter, sus manías de retar alumnos por los pasillos, esa mirada que le desnudaba el alma, esos besos que le quitaban la respiración, todo su ser pedia por él, sin el sentia que se moria.
Eran las 11 de la noche, todos dormían en la mansión, la puerta de la habitación de Akane se abrió lentamente.
Un joven de no mas de 20 años, cabello rubio, ojos celestes y más de un metro ochenta de altura se acerco a la cama y se recostó al lado de ella, llevando un plato con una manzana roja cortada en rodajas.
-- Vamos, Neechan, abre tus bellos ojos para mi-- dijo cálidamente.
La muchacha hizo un sonido de desaprobación y se dio vuelta quedando frente a frente con el rostro de chico.
--Maki-chan…-- murmuro débilmente y le abrazo echandose a llorar.
--Ya, ya…todo esta bien-- acaricio su cabeza como lo hacía desde que era pequeña.
--Sabes?, el no estaría muy feliz de verte así—señalo unas fotos de Severus colgadas en la pared.
-- Pero es que yo lo extraño tanto…-- balbuceo.
--Es muy romántica la idea de morir por amor pero vivir por amor esa es la más grande aventura-- les susurró con cariño.
-- Vamos solo un bocado, si?-- tomó una de las rodajas de la manzana y se la ofreció.
Ella comenzó a comer de poco cada pedacito que le daba su primo.
-- Mira a las luciérnagas, aunque saben que su vida es corta brillan con intensidad para guiar el camino de los demas, aprende de ellas y brilla tan fuerte que él vea tu luz desde donde este-- le dijo mientras la abrazaba.
Y así se quedaron todo la noche mirando las luciérnagas, el tenía razón Severus se pondría triste si la viera asi, debia ser fuerte y se durmió en brazos de su Maki añorando los brazos de su querido profesor de pociones.





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